domingo, 25 de septiembre de 2011

Pasion

Todas las mañanas seguía el mismo ritual. Se sentaba en el borde de la cama y pensaba: ¿que me acontecerá el día de hoy…? La respuesta al final de la noche solía ser la misma.
Pero hoy seria distinta. Hoy el día acontecería…pasión.
Salió de su casa, como todas las mañanas, y al entrar en la cafetería donde solía tomar café, una nueva sensación la cautivó, pero no sabría explicarla. Sondeó alrededor y se detuvo en él, que al tiempo bajaba la mirada, se sentó en su mesa habitual, y pidió su desayuno.
No podía evitar mirarlo. Jugaban a eludirse en las miradas y un atisbo de sonrisa aparecía en sus labios, a cada sorbo de café. La sensación que recorría su cuerpo era más intensa, un hormigueo en su estómago no dejaba que comiera, y fue entonces cuando notó como el clavaba su mirada en ella. Levantó la cabeza y ambos dibujaron como en una hoja en blanco, solos los dos. Todo a su alrededor desapareció, un camino, de cuerpo a cuerpo, solo unidos por la mirada.

Ya era inevitable, el calor recorría su cuerpo desde sus mejillas, sonrosadas, hasta su sexo, que le obligaba a cruzar sus piernas para evitar el cosquilleo. Se sentía húmeda, muy húmeda….
Decidió levantarse y dirigirse al baño, necesitaba limpiarse. Se sentía avergonzada….
Tenía miedo que al salir el ya no estuviese, pero no podía sostener esa situación por más tiempo...se sentía desbordar.
Pasó cerca de su mesa, le sonrió y pretendía decirle que no se fuera, que la esperara, pero nada salió de su boca. Nada pudo decir. Antes de cerrar la puerta vio como pedía la cuenta. Se quedó quieta, paralizada, y se miró al espejo diciéndose ”que esperabas”.

Abrió el grifo del lavabo y se refrescó la cara al tiempo que llamaron y pasaron una nota bajo la puerta: ”¿Me dejas entrar?”

Sin pensarlo quito el pestillo.

Sólo era capaz de mirarlo a los ojos. Estaba temblando. Una mezcla de nervios y morbo la desconcertaba. Él acarició su cara y bajó hacia los botones de la camisa, desabrochando sutilmente cada uno de ellos. Sus labios se acercaron a su cuello y con su lengua lo lamió. Ella permanecía inmóvil, mientras un escalofrío recorría su cuerpo. Su sexo chorreaba de placer. Él bajó su mano hacia su culo y se lo apretó con fuerza…y ahí se desató su pasión. Le quitó su camiseta y con su boca mordía sus pezones. Se sorprendió de tal cambio, pero la excitación fue aun mayor, y levantó su falda. Mientras, ella le bajaba los pantalones, sintiendo su pene duro en su mano. Le empujó contra la pared separándole de ella y lo tomó mientras se arrodillaba para llevárselo a su boca. Quería saborear su sexo, y así su lengua se deslizaba suave por su prepucio, mientras con una mano lo acariciaba y la otra jugaba con sus testículos. Él se sentía morir de placer…Ella sentía el bombeo de la sangre en las venas de su sexo, lo notaba a punto de estallar. Él la cogió del pelo y la levanto, le dio media vuelta y mientras con una mano tocaba sus pechos, con la otra buscaba su clítoris.
Por un momento ella abrió los ojos y vio su reflejo en el espejo viendo como él la poseía. Lejos de cortarse, la excitación fue más intensa. Tomó su pene para que la penetrara y fue entonces cuando él la empujo hacia delante, contra la pared, levantó una de sus piernas y la penetró. Ella empujaba hacia atrás y el hacia delante y en ese magnífico baile ambos llegaron al orgasmo.
Él se dejo caer sobre su espalda acarició su pelo y besó su nuca. Ella lo miraba a través del espejo, levanto la cabeza y le sonrió.
Ella le devolvió la sonrisa. Un silencio y solo una mirada entre ambos. Buscó su mano y se la apretó.
Él permanecía detrás de ella…
Y ella no le quitaba la vista a través del espejo.
Él le sonrió y dijo:”Un placer”
Ella respondió: ”Un placer para los sentidos”


Esa noche se sentó en su cama...respiro hondo y...sonrió.


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