Todas
las mañanas seguía el mismo ritual. Se sentaba en el borde de la
cama y pensaba: ¿que me acontecerá el día de hoy…? La respuesta
al final de la noche solía ser la misma.
Pero
hoy seria distinta. Hoy el día acontecería…pasión.
Salió
de su casa, como todas las mañanas, y al entrar en la cafetería
donde solía tomar café, una nueva sensación la cautivó, pero no
sabría explicarla. Sondeó alrededor y se detuvo en él, que al
tiempo bajaba la mirada, se sentó en su mesa habitual, y pidió su
desayuno.
No
podía evitar mirarlo. Jugaban a eludirse en las miradas y un atisbo
de sonrisa aparecía en sus labios, a cada sorbo de café. La
sensación que recorría su cuerpo era más intensa, un hormigueo en
su estómago no dejaba que comiera, y fue entonces cuando notó como
el clavaba su mirada en ella. Levantó la cabeza y ambos dibujaron
como en una hoja en blanco, solos los dos. Todo a su alrededor
desapareció, un camino, de cuerpo a cuerpo, solo unidos por la
mirada.
Ya
era inevitable, el calor recorría su cuerpo desde sus mejillas,
sonrosadas, hasta su sexo, que le obligaba a cruzar sus piernas para
evitar el cosquilleo. Se sentía húmeda, muy húmeda….
Decidió
levantarse y dirigirse al baño, necesitaba limpiarse. Se sentía
avergonzada….
Tenía miedo que al salir el ya no estuviese, pero no podía sostener esa situación por más tiempo...se sentía desbordar.
Tenía miedo que al salir el ya no estuviese, pero no podía sostener esa situación por más tiempo...se sentía desbordar.
Pasó
cerca de su mesa, le sonrió y pretendía decirle que no se fuera,
que la esperara, pero nada salió de su boca. Nada pudo decir. Antes
de cerrar la puerta vio como pedía la cuenta. Se quedó quieta,
paralizada, y se miró al espejo diciéndose ”que esperabas”.
Abrió
el grifo del lavabo y se refrescó la cara al tiempo que llamaron y
pasaron una nota bajo la puerta: ”¿Me dejas entrar?”
Sin
pensarlo quito el pestillo.
Sólo
era capaz de mirarlo a los ojos. Estaba temblando. Una mezcla de
nervios y morbo la desconcertaba. Él acarició su cara y bajó hacia
los botones de la camisa, desabrochando sutilmente cada uno de ellos.
Sus labios se acercaron a su cuello y con su lengua lo lamió. Ella
permanecía inmóvil, mientras un escalofrío recorría su cuerpo. Su
sexo chorreaba de placer. Él bajó su mano hacia su culo y se lo
apretó con fuerza…y ahí se desató su pasión. Le quitó su
camiseta y con su boca mordía sus pezones. Se sorprendió de tal
cambio, pero la excitación fue aun mayor, y levantó su falda.
Mientras, ella le bajaba los pantalones, sintiendo su pene duro
en su mano. Le empujó contra la pared separándole de ella y lo tomó
mientras se arrodillaba para llevárselo a su boca. Quería saborear
su sexo, y así su lengua se deslizaba suave por su prepucio,
mientras con una mano lo acariciaba y la otra jugaba con sus
testículos. Él se sentía morir de placer…Ella sentía el bombeo
de la sangre en las venas de su sexo, lo notaba a punto de estallar.
Él la cogió del pelo y la levanto, le dio media vuelta y mientras
con una mano tocaba sus pechos, con la otra buscaba su clítoris.
Por
un momento ella abrió los ojos y vio su reflejo en el espejo viendo
como él la poseía. Lejos de cortarse, la excitación fue más
intensa. Tomó su pene para que la penetrara y fue entonces cuando él
la empujo hacia delante, contra la pared, levantó una de sus piernas
y la penetró. Ella empujaba hacia atrás y el hacia delante y en ese
magnífico baile ambos llegaron al orgasmo.
Él
se dejo caer sobre su espalda acarició su pelo y besó su nuca. Ella
lo miraba a través del espejo, levanto la cabeza y le sonrió.
Ella
le devolvió la sonrisa. Un silencio y solo una mirada entre ambos.
Buscó su mano y se la apretó.
Él
permanecía detrás de ella…
Y
ella no le quitaba la vista a través del espejo.
Él
le sonrió y dijo:”Un placer”
Ella
respondió: ”Un placer para los sentidos”
Esa noche se sentó en su cama...respiro hondo y...sonrió.
Esa noche se sentó en su cama...respiro hondo y...sonrió.

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