domingo, 4 de noviembre de 2012

...y por qué no?

A veces...solo hay que pensar que es lo que nos hace sentir así.
Si es dolor físico poner remedio y si es dolor espiritual, lo mejor reconocerlo, nombrarlo por su nombre y ser sinceros con nosotros mismos. Pensar si existe un motivo con suficiente peso como para dejar que la tristeza inunde nuestra alma...y la reflejes en aquellos a los que les importas.
Porque sabes, a veces y solo a veces la tristeza se extiende como una plaga tan solo dejándonos un pequeño resquicio...y te preguntas:
¿Que ha pasado en realidad?
¿Cuál es el motivo?
...y descubres que simplemente te has dejado invadir.
Te deseo de corazón una sonrisa en tu cara.

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