
Era un día precioso, el sol brillaba con dulzura en el cielo azul, adornado con alguno de esos preciosos algodones. El paisaje del bosque nos regalaba una sensación preciosa, el reflejo de la luz desde la copas de sus arboles, flores, arbustos y senderos. El río fluía silencioso a la par que lleno de vida, serpenteando y chapoteando entre sus luces y sombras.
Y el duende salió a pasear, para disfrutar de este regalo de la naturaleza, y ataviado con su cazamariposas en mano, comenzó su andada entre flores de diversos colores e insectos de todo tipo.
Tras pasar varias horas en el bosque, ni rastro del amor de su vida, la mariposa imperial.
Todos los días salía en su busca, solo en una ocasión consiguió verla de lejos pero en el fondo de su corazón siempre lo acompañaba. Desde que su abuelo se la presentó sentía un inmenso amor hacia ella, casi inexplicable, como si de un motor se tratara daba sentido a su vida.
Esta mañana era especial se percibía un dulce olor en el aire, incluso con una suave esencia a canela, y como embriagado, el duende seguía sus pasos sin rumbo pero con un destino. Cuando cayo en la cuenta el bosque dejo de susurrar, sus labios esbozaban una sonrisa...solo se oían los latidos de su alma. Estaba emocionado y en la cumbre de ese sentimiento giro la cabeza, y posada en una linda flor de tonos amarillos, se encontraba ella, en un azul eléctrico, mágico, la mariposa imperial.
El duende se quedó absorto, casi petrificaba tanta belleza. No podía creerlo, a menos de un suspiro su amada más hermosa que en sus sueños, batía lentamente sus alas como si de un dulce lenguaje se tratase. Unos minutos después, tras sobreponerse a su estado de perplejidad, avanzó hacia ella en una danza de pequeños pasos, alzo su red y ¡Zassss!
Atrapada en la red, asustada, la mariposa empredió un aleteo vertiginoso con la esperanza de zafarse de su cautivo. El duende no salia de su asombro, una mezcla de sentimientos opuestos rodeaban su ser. Siempre habia soñado con ese dia pleno de felicidad, por fin tenia a su amada, pero jamás imagino que la tristeza inundaría su alma, desvastando a su paso hasta dejar gélido su corazon.
El sufrimiento en los ojos de su amada lo habia derrotado, se sentia morir. Clavo sus rodillas en tierra y con su mirada observaba como la mariposa elevaba la red con su vuelo, en un intento desesperado de escapar. El duende tomó aire y con un nudo en la garganta balbuceó:
" Llevo toda la vida esperandote, buscandote y amandote ¿porque sufres?...¡Yo te amo!", dijo el duende
"Sufro por mi libertad, me has atrapado contra mi voluntad ¿como puedes amarme y hacerme esto?", dijo la mariposa
"Comprendelo...te amo y por tanto te necesito, necesito tenerte junto a mi. Deseo cuidarte y pasear junto a ti."dijo el duende.
La mariposa dejo de mover sus alas, y suspendida en el aire en un minusculo vaiven, miro al duende mientras su melodiosa voz matizada con un halo de tristeza, dijo:
" Duende mío, si me amaras como dices lo harías en mi plenitud, desde mi deseo y mi libertad. Solo de esta manera existe el amor verdadero y la única forma posible de llegar a él es obviando el sentido de posesión del ser amado, transformándolo en comprensión y respeto."
Pero amada mía, interrumpió el duende, sino puedo poseerte ¿cómo podré regalarte mi amor?
La mariposa añadió:" Tu sólo hazte esta pregunta, ¿Te comprendo lo suficiente o te hago daño?"
Por las mejillas del duende se desliza una lágrima.
"Ahora busca la respuesta en tu corazón", dijo la mariposa.
El duende se tomo unos minutos, respiro hondo y con el pulso tembloroso levantó lentamente el cazamariposas. La mariposa imperial se quedo inmóvil hasta que estuvo totalmente liberada, se acerco a las mejillas del duende, secó sus lágrimas con su aleteo y le regaló un beso.
"Ahora se que me amas. ¡Gracias por amarme!, dijo la mariposa.
Alzo el vuelo, se giró para que los rayos del sol se reflejaran en sus alas y envolvió al duende con su luz azul.
" Siempre seré tuya, siempre estaré contigo", dijo la mariposa imperial.
La sonrisa de ambos inundo el bosque.







